30 de agosto de 2010

Kim Jong Il saluda a Raúl Castro

Pyongyang, 29 de agosto (KCNA) -- El Secretario General Kim Jong Il envió el jueves un mensaje de saludo a Raúl Castro Ruz, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente del Consejo de Estado, con motivo del 50 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la RPDC y Cuba.

El mensaje decía:

Os enviamos calurosas felicitaciones y un saludo fraternal a usted, y a través de usted, al Partido Comunista de Cuba, al gobierno y al Pueblo cubano por la ocasión.

Durante los últimos cinco decenios transcurridos desde el establecimiento de relaciones diplomáticas bilaterales, la RPDC y Cuba han fortalecido sus lazos de amistad y cooperación, frustrando decididos toda la subversión y el sabotaje de los imperialistas de EE.UU. y sus lacayos, bajo la bandera en alto de la independencia y el socialismo contra el imperialismo.

Nuestro pueblo renueva y mantiene fuerte la amistad y solidaridad con el fraternal Pueblo cubano basado en principios revolucionarios.

Aprovechando esta oportunidad, les deseamos sinceramente un gran éxito en su responsable trabajo, reafirmar el pleno apoyo de nuestro Partido, gobierno y Pueblo a la justa causa del Partido, gobierno y Pueblo de Cuba en defensa de la soberanía del país y las ganancias del socialismo.

Traducido por A.J.
Fuente: Agencia Central de Noticias de la RDPC (KCNA).

29 de agosto de 2010

Quinta Crónica de "Un viaje a Corea", por Juan Nogueira

Quinta Crónica de “Un viaje a Corea”
- Cuarto día en Corea -
Juan Nogueira López
para el blog
“Corea Socialista”
La venganza se sirve en frío, o en este caso, en plato de arroz frío. Entre ayer y hoy he comprobado que mi incansable lucha contra las frituras, los empachos y la guindilla será larga. Pero eso no me desanima.
Las camareras son conscientes de que la guerra está servida. De hecho, cuando llegué a la comida, estaban haciendo un cierto corrillo y dejaron de hablar al verme. Me miraban con cierta sonrisa de medio lado. El ataque estaba listo: veréis, en Corea existe un hilo rojo que se desprende de algún vegetal desconocido para mí. Ese hilo tiene un color similar al del kimchi, aunque no sé si guarda alguna relación. ¡Pues bien! Ese hilillo estaba en hasta tres de los platos que me sirvieron a la comida. ¡Mi boca ardía!
Recurrí al antiguo ejemplo de la camarada Lara, heroína del fideo frío: apartarlos uno a uno. ¡Y cómo se esconden los condenados! Suerte que ya tengo habilidad con los palillos.
Para completar la comida, ternera picante y sopa picante.
En cualquier caso, el contraataque de la cocina ya llegó ayer. Hay que reconocer que tanto los camareros como las camareras del restaurante son tremendamente agradables. Pero hay una camarera que, sin dejar de ser agradable, tiene siempre un gesto de “¡tú toréame y verás!”.
Pues ayer, fue con ella con quién tuve que tratar los platos que deseaba tomar y los que no. Y, por supuesto, no me dio opción. Su estrategia fue sencilla: trajo de golpe en una bandeja todos los platos. ¡O eso creía yo! Después, como recompensa a habérmelos tomado sin rechistar, me trajo un plato de ternera sin picante de regalo y un helado. ¡La Fritanga, como si de un Dios se tratase, es un enemigo formidable, que aprieta, pero no asfixia!
En fin, bromas aparte, hoy la clase se me hizo larga, quizás por el cansancio acumulado. Tratamos las líneas maestras del desarrollo del socialismo en Corea, en el ámbito ideológico, económico, político y militar.
No extendimos algo más en el ámbito económico, debido a la gran actualidad de algunos asuntos.
En la última semana se han terminado dos grandes construcciones. La primera de ellas es la culminación del proyecto Taegyedo de diques marinos, para quitar territorio al mar y crear nuevos campos de cultivo. En total, el largo de los diques construidos en Taegyedo supera los 14 Km., convirtiéndose en el mayor de estos proyectos en Corea.
Además, se ha terminado la Presa de Kumyagang, una gran presa en la zona Oriental.
La importancia de estos dos proyectos se entiende comprendiendo una premisa: Corea es un país que trata de basar su economía en la idea de autosuficiencia. Esto no es negarse al comercio, sino comerciar partiendo de la base de que aquello que se pueda producir en el mercado doméstico y con recursos y materias primas propias, no se importa.
La autosuficiencia económica se entiende como base de la soberanía política.
La presa tiene importancia dentro de la satisfacción de las necesidades energéticas del país, aspecto que Corea no ha llegado a cubrir plenamente desde la liquidación de la Unión Soviética en 1991.
Quitarle tierras al mar va en la línea de la autosuficiencia y seguridad alimentaria, objetivo prioritario para un país donde más del 80% del territorio está cubierto de montañas o bosques. En Corea, cada centímetro cuadrado de tierra se utiliza de forma intensiva: con abonos naturales y químicos, mediante el uso de maquinaria agrícola y en sistema de doble cosecha anual.
Otro ejemplo que me llamó la atención fue el acero “jucheano”. El acero requiere hierro y la combustión de carbón de coque, que escasea en Corea. Esto ha supuesto un problema constante desde hace dos décadas, con la producción interrumpida a intervalos cuando no se conseguía importar carbón, debido al bloqueo imperialista.
Pues bien, tras un tiempo de investigaciones, Corea ha desarrollado una nueva forma de producir acero, basada en recursos que abundan dentro del país, lo que ha permitido desde el año pasado alcanzar cifras que no se recordaban desde 1991. Esta es la línea que sigue el país en todos los sectores y, en cierta manera, el “secreto” que permite que, aislados y agredidos, puedan estar llevando a cabo un ambicioso plan de desarrollo por sí mismos.
Por la tarde, visité el Museo de la Victoria en la Guerra de Liberación de la Patria o, resumiendo, el Museo de la Guerra de Corea.
La Guerra de Corea sigue levantando ampollas y creando controversias con mucha actualidad dentro de la Península. Corea del Sur tiene un gran problema y es que, históricamente, su existencia no se justifica. La existencia de una Corea separada al sur del paralelo 38 solo se entiende como producto del desembarco de tropas norteamericanas tres semanas después de que la Guerra contra Japón hubiese terminado y cuando Corea ya había sido liberada por las tropas soviéticas y por los propios coreanos.
Si Corea del Sur no es producto de la liberación de Corea, entonces, ¿cómo justificarse? La Guerra de Corea tiene bastante que ver con esto. A pesar de que ha pasado el tiempo reglamentario, hay papeles sin desclasificar en Estados Unidos sobre este asunto y es que, las heridas de la Guerra de Corea no han cicatrizado. Entre otros motivos, porque sus causantes siguen en bases militares a escasos kilómetros de Seúl. Reconocer la culpabilidad en el inicio de un desastre de más de 2 millones de muertes podría ocasionar un terremoto político al sur del paralelo 38. Por eso, se siguen manteniendo en pie algunas deformaciones históricas y mentiras que en el caso de otras guerras donde intervino Estados Unidos, como Vietnam o China, ya no son necesarias, ya que esos conflictos no perviven.
Estados Unidos no puede revelar su papel en el origen de la Guerra y a Corea del Sur no le interesa que se sepa, ya que su única legitimidad histórica viene dada por el anticomunismo militante, alimentado por el odio creado entre 1950 y 1953.
¿Cuál es el papel de Estados Unidos? Buena parte de las figuras clave de su gobierno del momento, pasaron por Corea del Sur durante los meses, semanas y días anteriores al “Día D”. Dulles, Secretario de Estado, furibundo anticomunista y jefe de la United Fruit Company, estuvo en Corea durante la semana anterior al comienzo de la guerra.
Visitó la frontera para revisar los preparativos de la guerra y dio un discurso en el Parlamento de Seúl, en el que afirmó que Estados Unidos daría todo el apoyo moral y material necesario para la lucha contra el comunismo en Corea. Esta frase tiene un sentido inmediato y otro intuitivo. El inmediato es moralmente repugnante, ya que significa el apoyo total al régimen derechista de Sygman Rhee en Corea del Sur, en su lucha contra los comunistas, los independentistas y cualquier persona del ámbito progresista (sindicalistas, organizaciones de mujeres, organizaciones estudiantiles, campesinos,...), lucha en la que hoy se calcula que perdieron la vida más de 100'000 personas sólo en el periodo 1945 – 1950. El otro sentido, es el apoyo a la “marcha al norte” que Sygman Rhee llevaba proclamando 5 años y que quería decir la invasión armada de Corea del Norte.
Los días previos al inicio de la Guerra, las familias de los soldados norteamericanos fueron evacuadas de Corea. ¿Cómo sabían que una guerra iba a comenzar, más que si la iban a comenzar ellos mismos?
Todas estas cuestiones se tratan de responder en el museo, gracias a la cantidad de material confiscado a Estados Unidos y Corea del Sur durante la toma de Seúl por las tropas norcoreanas. También puede verse material de guerra real, incluyendo tanques y aviones de ambos bandos. El primer T-34 que entró en Seúl está expuesto en una de las salas.
Tras el Museo de la Guerra de Corea, cancelamos la visita al Barco Espía Pueblo, ya que no nos daba tiempo a realizar esa actividad y llegar a tiempo para el Circo de Pyongyang.
El Barco Espía Pueblo es un barco norteamericano que en 1968 fue apresado por tropas norcoreanas, al haberse infiltrado en sus aguas territoriales. Durante once meses, se mantuvo un pulso en el que Estados Unidos llenaba Corea del Sur de armas nucleares y preparaba un segundo Vietnam y Corea del Norte sólo pedía dos cosas: reconocimiento del espionaje y disculpas oficiales por parte del Gobierno yanqui. A cambio de eso, devolvería sana y salva a toda la tripulación, como así hizo, cuando por primera vez en su historia, Estados Unidos pidió perdón por sus “acciones militares contra otro país”. El barco permanece en las aguas del río Taedong, en Pyongyang, como símbolo de la dignidad nacional que Corea ha recuperado con su Revolución.
El circo fue, simplemente, espectacular. Una excelente orquesta ambientaba con música en directo un espectáculo de una hora y media en el que trapecistas, cómicos, culturistas, acróbatas,... nos deleitaban con puestas en escena que dejaban la boca abierta. Una auténtica pena que no dejaran grabar el espectáculo, porque realmente merecía la pena. Es uno de esos tesoros que Corea esconde y que el mundo entero debería conocer. Alguno de sus números, de hecho, ha recibido galardones internacionales de oro, como el del 21º Festival de Roma.
Cualquier palabra con la que intente describir lo que vi no haría justicia al espectáculo, así que sólo me referiré a uno de los números cómicos. En él, los personajes eran un oficial surcoreano y dos soldados rasos. El oficial pregunta a los soldados por los rumores que circulan entre la tropa sobre el Cheonan y los soldados le dan largas, pero el oficial se da cuenta y les pega. Pero poco a poco, los soldados van diciendo cosas, aunque cuando les escucha el oficial, dicen algo que suena parecido, pero que cambia totalmente el sentido. Algunas de las frases tienen mucha miga, como cuando afirman: “Qué raro que murieran 47 soldados y ningún oficial” o “¿Ese día todos los oficiales tenían el día libre?” o, tras serles arreados sendos bofetones “¡Qué gran vida militar nos ofrece la democracia!”.
El público -fundamentalmente adolescentes, aunque también familias, grupos de amigos de alrededor de 30 años y una gran cantidad de soldados uniformados- se reía y aplaudía muchísimo. Se ve que algo de ironía no está de más a la hora de hablar de política en la Península Coreana.
A la vuelta, en el coche, iba hablando con Kimsita y Kimsito cuando en la radio empezaron a poner una canción que todos conocíamos. La empezamos a tararear y, por enésima vez desde que estoy en Corea, me dijeron que tenía muy buena voz para cantar, afirmación claramente alejada de la realidad. En cualquier caso, ésta está siendo una de las muchas sorpresas de este viaje.
Hablando de otro Kim, me referiré ahora al Kim que dirige actualmente el país. En concreto, a uno de los aspectos que más se repite en el exterior de Corea: el culto a la personalidad.
No me voy a extender en aspectos ya conocidos, como el papel que han jugado en la Revolución, la Guerra y la construcción del socialismo; o el papel que asigna la cultura asiática a los líderes. Tampoco voy a perder tiempo desmintiendo que la admiración y llegue a cotas tan exageradas como se afirma, aunque a algunos les sorprenderían datos que puedo ofrecer, como que en toda Corea apenas existen dos estatuas de él y que no existen pines con la cara de Kim Jong Il y otros aspectos que sí suceden con su padre.
Fundamentalmente, quiero referirme a cómo nos manipulan desde los grandes think tanks del imperialismo para pensar en sus claves.
Incluso entre los comunistas y los revolucionarios del Estado Español, asumimos que no podemos ser solidarios con Corea por el “culto a la personalidad” o, si acaso, hay que serlo pero con “reservas”. “Sí, pero...”.
Y digo que nos tienen ganada la batalla porque damos un enfoque totalmente formalista a este aspecto, en vez de centrarnos en las cuestiones de contenido. Cuando los coreanos nos hablan de sus líderes, no están hablando más que de su Revolución, de su pueblo y de su partido. Ellos lo entienden como un todo, que no tiene sentido por separado. Por lo tanto, si tanto nos preocupa, olvidémonos de cómo nos expresan ellos las ideas y vayamos al contenido.
Por ejemplo, cuando los coreanos nos dicen “El camarada Kim Il Sung impulsó la creación de un sistema de enseñanza obligatoria socialista de 11 años”, quieren decir lo mismo que cuando los cubanos dicen “Uno de los grandes logros de nuestra Revolución es el sistema educativo, público, universal y gratuito.”
El imperialismo nos tiene ganada la batalla, porque cuando leemos la anterior frase, nos quedamos con que mencionan a Kim Il Sung -la forma- y no con el contenido real. Asumir el hecho de la diferencia y de que su Revolución es suya, quiere decir que tenemos que respaldarles, no en función de si aquello que hacen -y cómo lo hacen- es aplicable en nuestro propio proyecto -como parece que hacen algunos comunistas. Valoremos sus logros en función de la situación de Corea y asumamos que -a priori- para los coreanos su líder tiene una importancia capital en su Revolución. Y esto no quiere decir que eso nos agrade o deje de agradar.
En general, en mi opinión, cuando pensamos en un líder político no debemos pensar en claves formalistas -cuánto culto se le aplica- sino de contenidos -qué proyecto político están impulsando- y, desde este punto de vista, Kim Il Sung y Kim Jong Il han sido positivos para la Revolución Socialista en Corea. Es más de lo que muchos líderes socialistas “sin culto” pueden decir.

Juan Nogueira López


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Noticias de la RPD de Corea (28-8-2010)

Noticias del día 28 de agosto del 2010:

Fuente: Agencia Central de Noticias de la RPDC (KCNA).

28 de agosto de 2010

Cuarta Crónica de "Un viaje a Corea", por Juan Nogueira

Cuarta Crónica de “Un viaje a Corea”
- Tercer día en Corea -
Juan Nogueira López
para el blog
“Corea Socialista”
El día comenzó bien. Al menos hoy ya se puede ver el sol y, a pesar de ello, hace menos calor. Quizás porque se ha reducido la humedad. Además, he dormido seis horas y media y, encima, del tirón.
En mi nueva condición de hombre liberado de la opresión totalitaria de la fritanga y las salsas, he conseguido que mi desayuno se componga de café con leche en polvo, tostadas con mantequilla y mermelada de fresa y yogur natural.
El problema es que me atendió la misma camarera de ayer, con su carita angelical y su voz suave. En varias ocasiones me preguntó, como si no acabase de creérselo, si no quería arroz o tortilla para desayunar. Mientras, a mi izquierda, un turista chino engullía huevos fritos. Serán cosas mías, pero eso a mí por la mañana no me entra.
Bromas aparte, en general, los camareros y camareras coreanas son eficaces e incluso a veces excesivamente atentas. Apenas te despistas un momento y ya te han retirado un plato que creían terminado o te han rellenado el vaso. Son muy agradables y detallistas.
Una cosa que me he fijado es que la mayoría de mujeres en Corea trasmite, por su rostro y sus gestos, ser una persona cercana y agradable. Ésta, como todo, es solo una de las caras de la moneda. Las mismas “doncellitas” que parecen sacadas de una película antigua, agarran el lanzagranadas en la Plaza Kim Il Sung durante los desfiles militares y manejan tanques y artillería.
En el caso de los hombres sucede algo distinto. En general, todos trasmiten seriedad e incluso a veces hostilidad. Pero es una falsa imagen completamente. En cuanto comienzan a hablar o tratas con ellos te das cuenta de que son, en general, personas de gran corazón y cercanas.
En general, los hábitos y las dinámicas de los norcoreanos son mucho más europeas que la de los chinos y otros pueblos asiáticos. Los coreanos van al teatro y a la ópera, practican deporte, trabajan en la industria y el sector servicios y veranean en la costa o la montaña.
Y sin embargo, probablemente es el país donde mejor se conserva una cultura asiática auténtica sin la “invasión globalizadora” occidental, es decir, sin reggaeton, Britney Spears, macro-centros comerciales y fast food. Visitar un templo, un restaurante, un pueblo o una vivienda en Corea no es ver un chiringuito turístico que vende una presunta “vida tradicional”, sino que es visitar un sitio donde verdaderamente se vive, se respira, se come, se reza así.
A las 9 de la mañana, como todos los días, comenzó mi clase. En este caso, tratamos sobre el cambio social a lo largo de la historia y sobre los sujetos de la Revolución. El mayor de los debates lo tuvimos en torno a la cuestión del origen de clase y la posición de clase. Es decir, ambos coincidíamos en que el socialismo es una sociedad a la que se llega por medio de una Revolución y que es una sociedad que refleja los intereses de la clase trabajadora.
Sin embargo, en la lucha revolucionaria participan personas de origen muy diverso, no todas pertenecientes a la clase trabajadora. Lo fundamental, señalaba O Sung Chol, es el proyecto que impulsen las personas, independientemente de su origen de clase. Lo fundamental son sus ideas. Engels o Zhou Enlai venían de familias adineradas y, sin embargo, fueron auténticos revolucionarios.
Por supuesto, eso es innegable para mí y más en mi caso, teniendo en cuenta que mi familia trabaja en una farmacia que tiene en propiedad. Pero, le apuntaba yo, no hay que perder de vista que el ser social es el mayor creador de conciencia que existe y que nos debemos dirigir fundamentalmente a quienes nuestro proyecto beneficio objetivamente no sólo a nivel ideológico, sino fundamentalmente para mejorar su vida material, que es una mayoría de la sociedad.
Cuando hablamos de la lucha nacional y por el derecho de autodeterminación, decidí no entrar en debates profundos, porque ese es uno de los mayores quebraderos de cabeza en la realidad política del Estado Español. Lo que me sorprendió fue el gran conocimiento que en Corea tienen sobre el independentismo vasco y catalán. Me mencionaron dos cosas que me sorprendieron mucho -para que luego se diga que es un pueblo sometido por el “régimen” a la desinformación-: la manifestación masiva en Barcelona de rechazo a la sentencia del Tribunal Constitucional y la prohibición de los toros en el Parlament.
Tras el fin del coloquio, fui a Mangyongdae, pueblo natal de Kim Il Sung y donde se puede visitar la casa donde se crió. La casa es en realidad una choza que sus bisabuelos habían alquilado a unos terratenientes de la zona. Mangyongdae era una zona de gran belleza -y lo sigue siendo- a las afueras de una vieja urbe feudal, un asentamiento ideal para las familias que vivían de las rentas de las tierras.
El bisabuelo de Kim Il Sung trabajaba cuidando las tumbas de una de estas familias, que a cambio le alquiló la choza en la que vivió toda su vida. 12 personas de la familia de Kim Il Sung vivían en la choza y trabajaban el campo.
La familia era de corte nacionalista y progresista, aunque el primero en militar en una organización proletaria fuese el propio Kim Il Sung. Su padre fue fundador de la Asociación Nacional Coreana y participó en un movimiento ilustrado de enseñanza. Su madre era feminista y la primera presidenta de la Unión de Mujeres Democráticas de Corea, organización anterior a la Revolución.
Varios hermanos y tíos de Kim Il Sung cayeron en la lucha contra Japón.
Hoy día Mangyongdae pertenece a la ciudad de Pyongyang y es su barrio más poblado. La parte más cercana a la choza natal de Kim Il Sung tiene torres de edificios viejos y con cierto deterioro, aunque para ser justo, en Avilés -mi ciudad- hay zonas en mucho peor estado.
Sin embargo, menciono este detalle porque al poco de pasar Mangyongdae se llega al reparto Kwanbok, donde viven más de 50'000 personas y uno de los más modernos del país. Torres de edificios modernos de hasta 40 pisos, en algunos casos, con espaciosas zonas verdes, dos hoteles, el mayor Palacio de los Niños y Estudiantes de todo el país,... etc. El contraste es bastante claro. Kwanbok se construyó a finales de los años 80 y es, junto al reparto Thongil, ejemplo de modernidad y calidad de vida socialista. Es una buena muestra de cómo sería hoy todo el país de no haber sucedido la crisis de los años 90.
En cualquier caso, con el plan hacia el año 2012 y las nuevas 100'000 viviendas cabe el optimismo. Kwanbok también está sufriendo un plan de modernización, visible en la reparación y construcción de edificios. Además, también se está ampliando el metro, noticia que me ha sorprendido.
Pyongyang se moderniza y, además, quiere parecer moderna. Pyongyang siempre fue una ciudad sin semáforos, debido al escaso tráfico y a la presencia permanente de la policía de tráfico en los principales cruces. Ahora se están instalando de forma masiva, no tanto por aumento del tráfico, sino por una cuestión de simbolizar la recuperación.
En el caso de la instalación de más farolas, el problema es diferente. A medida en que se resuelven los problemas de suministro eléctrico, es posible satisfacer la iluminación nocturna de las ciudades. Sin embargo, creo que también existe cierta obsesión por demostrar que el país puede, al margen de que sea una necesidad.
A simple vista, no se ven dificultades ni grandes problemas económicos en la vida de los norcoreanos. El nivel de vida no es comparable al de Europa, pero en Europa no partimos de ser en 1945 de ser un país arrasado, con tan solo 9 licenciados universitarios y recién salidos de la época feudal. Tampoco estamos sometidos a un bloqueo imperialista casi completo, incluyendo el que practican Rusia y China a través de las sanciones de la ONU que ellas mismas permitieron, a pesar de su derecho a veto.
Y partiendo de esas premisas, el nivel de vida es increíblemente elevado. Lo normal sería la hambruna, el desempleo, el caos y la corrupción generalizada. Nada de eso ocurre en Corea.
En cualquier caso, y a pesar de la gran cantidad de obras que se están llevando a cabo, no sé hasta qué punto éstas representan la diferencia entre ser y no ser una “gran potencia socialista próspera”. Esto será más bien un proceso a largo plazo, que no comienza en 2012, ni siquiera comenzó en 2008. Comenzó en 1998, tras el fin de la crisis económica de los años 90 y con el comienzo de la década de recuperación. Igualmente, este proceso no termina en 2012 sino que se prolongará durante bastante tiempo. Es decir, en mi opinión 2012 no marcará la entrada coreana en la prosperidad, sino que será la celebración simbólica de algo que viene sucediendo desde hace tiempo.
Por la tarde visitamos el Museo de la Revolución. El museo es literalmente gigantesco: 240'000 metros cuadrados repartidos en unas 100 salas de exposición. Los coreanos explican que su revolución no se hizo con el objetivo inmediato de construir un Estado socialista, ya que eso era una realidad demasiado avanzada y lejana para ellos. Su lucha inmediata era contra el feudalismo y contra las agresiones de las potencias imperialistas contra Corea.
Por eso, el Museo de la Revolución arranca con el siglo XIX y las agresiones imperialistas contra Corea. Es especialmente interesante un memorándum del Congreso estadounidense en plena mitad del siglo XIX, en el que aprueban medidas de presión para lograr que el “Reino Ermitaño” se abra al comercio y la hegemonía yanki.
Como eso, hay en torno a 550'000 piezas, textos, reliquias, réplicas, maquetas a escala, etc. que se pueden ver en todo el museo. Está dividido por épocas: el periodo de lucha anti-feudal y por la independencia (1866 – 1945), el periodo de construcción de la Patria Nueva (1945 – 1950), el periodo de la Guerra de Corea (1950 – 1953), el periodo en el que se ponen las bases del socialismo (1953 – 1961), varios periodos de construcción del socialismo (1961 – 1970, 1970 – 1980, 1980 – 1994, 1994 – 2010) y un hall especial dedicado a los revolucionarios coreanos.
No visité, obviamente, todas estas secciones, sino que una guía del museo me enseñó en tres horas y media las dos primeras. Para ver el museo entero, según me explicó, se requeriría una semana.
Me explicaron algunas cuestiones históricas como las conferencias en las que los comunistas coreanos se organizan para la lucha armada contra el Imperio Japonés, la fundación de la guerrilla, la creación de zonas liberadas por la guerrillera, el paso de una táctica de grandes unidades guerrilleras a una de pequeñas unidades, la liberación de Corea, etc.
Tenían réplicas a escala real de los cuarteles generales de la guerrilla en las montañas cercanas a Paektusan. En general, el museo impresiona, aunque está excesivamente centrado en la figura personal de Kim Il Sung.
Fuera del museo está la gran estatua del revolucionario, de 22 metros de altura, junto a unas 120 figuras representativas de aquellos que lucharon por la Revolución en Corea, desde los artistas y músicos, a los intelectuales, obreros y campesinos, pasando -por supuesto- por los guerrilleros, las mujeres, los niños y, en general, el pueblo.
Tras un día dedicado a la política al cien por cien, al llegar al hotel me apetecía hacer algo diferente, así que decidí ir a la piscina. El hotel es estatal y la piscina del hotel, por tanto, también. En Corea, a la propiedad estatal se le conoce como “propiedad de todo el pueblo”, lo cual es más que un simple eufemismo.
Efectivamente, la entrada no está vetada a los coreanos. Más bien al contrario, sin norcoreanos esas piscinas dejarían de tener vida, ya que la población local era el 100% de los 40 que estábamos en la piscina, al margen de mí y de dos turistas chinos.
Las piscinas estaban bastante bien. A los turistas nos cobraban tres euros por la entrada, que incluía pase para las duchas (una pasada), las saunas (un infierno irrespirable del calor acumulado que había), sala de musculación, chanclas, taquillas y toallas.
Eso tan cacareado de que “el régimen” aleja a los ciudadanos de los visitantes, hace aguas por todos sitios -nunca mejor dicho. Al margen ya de los paseos, de las 26 horas de tren con acompañantes coreanos, el parque de atracciones y otras experiencias que he narrado; la idea de poder echar carreras en una piscina, nadar, bromear y divertirse con jóvenes coreanos hace bastante insostenible toda la basura que habitualmente se dice contra Corea.
En la piscina fui por momentos la “sensación”, ya que una cara occidental sigue siendo algo exótico en Pyongyang. Muchos locales se acercaron a hablar conmigo y un pionero de 11 años no se separó de mí en la hora y media que estuve a remojo. Apenas hablaba inglés, pero echamos carreras, buceamos, dimos volteretas y todo lo que él quiso. Al final yo ya no sabía qué más hacer para que se divirtiera, una vez que ya renuncié a la idea de que el algún momento se cansaría de mí.
Nada más por hoy, con los dedos aún arrugados pongo punto final.

Juan Nogueira López


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27 de agosto de 2010

Tercera Crónica de "Un viaje a Corea", por Juan Nogueira

Tercera Crónica de “Un viaje a Corea”
- Segundo día en Corea -

Juan Nogueira López
para el blog
“Corea Socialista”
(Descargar en PDF)

El día comenzó mal. Supongo, que con neblina, y digo supongo porque tras apenas tres horas durmiendo, me desperté desubicado y ya no hubo manera de volver a conciliar el sueño. El cambio de hora aún me trae problemas.

Tantas horas tumbado mirando al techo también tuvieron su utilidad. En primer lugar, comprobé que la programación nocturna de la radio norcoreana se basa, fundamentalmente, en música. La combinación no sigue ningún orden lógico: a una canción pop le sigue una marcha militar, a una folklórica le sucede unos coros femeninos y a una canción política otra de amor. Para los programadores coreanos -y quizás para la audiencia- tiene sentido.

La música es -a cualquier hora- un elemento fundamental de la parilla norcoreana, junto a los boletines informativos y las radionovelas. En la televisión sucede algo parecido, aunque también se emiten series y películas, así como eventos políticos y deportivos.

De madrugada, me sorprendió una gran claridad que entraba a rachas en mi habitación. A falta de otra cosa que hacer, me asomé por la ventana y vi que los obreros del turno de noche seguían trabajando en las obras del edificio de en frente del hotel Koryo: unos grandes almacenes.

Los coreanos, como mencionaba ayer, se han marcado el objetivo de ser en 2012 una “Gran Potencia Socialista Próspera”. Afirman que en el ámbito político, el socialismo está asentado, tiene un respaldo abrumador y su fortaleza interna y externa es incuestionable. En el ámbito militar, Corea es un bastión bien defendido y que, además, practica la disuasión nuclear. Por lo tanto, la gran tarea pendiente es el desarrollo económico. Con ello, Corea se convertirá en una potencia socialista a todos los niveles.

No estoy seguro de si en los próximos dos años y medio se conseguirá un cambio cualitativo tan radical en Corea, pero tengo claro que lo fundamental es que la planificación centralizada ha vuelto, con planes a medio y largo plazo. Son capaces de concentrar los esfuerzos y recursos del país en aquello que consideran clave.

A día de hoy, una de las prioridades es la vivienda. De ahí el objetivo de construir 100'000 nuevos apartamentos en Pyongyang, entre otros. Realmente, gran parte de Pyongyang está en obras, tanto en la construcción de nueva vivienda como en la reparación y modernización de las antiguas: el reparto Munsu casi al completo, la zona colindante con la Colina Moran, la calle perpendicular a la Torre de la Idea Juche, varios restaurantes (como el famoso Oknyu), numerosos edificios en el distrito central, así como grandes partes del norte y sur de la ciudad.

He de decir que, por lo poco que sé de construcción, los métodos parecen algo anticuados, aunque quizás sólo es una impresión desde mi ignorancia.

En Corea no sólo se construye vivienda, sino también teatros, hoteles, centros comerciales y otras instalaciones. La más emblemática de estas construcciones, el hotel de 330 metros de altura, avanza a gran velocidad, con la colaboración de expertos chinos y egipcios.

Otro sector prioritario en la estrategia de desarrollo es la energía, ámbito en el que Corea no cubre sus necesidades al 100%. Al no existir electricidad para todo, se ha priorizado en mantener el suministro de electricidad al 100% de las viviendas y a la industria, en detrimento de la iluminación nocturna de las ciudades y otros. Pero el avance en la resolución de este problema es imparable. Todos los años se inauguran grandes presas hidráulicas, así como otras fuentes de energía renovable.

En cuanto a la iluminación nocturna, una innovación creativa han sido las farolas “autosuficientes”, que incorporan una placa solar para producir el equivalente de energía que luego necesitan. Otras iniciativas de ahorro han sido las bombillas de bajo consumo, claramente visibles en todas las viviendas de Pyongyang por la iluminación característica que emiten. No sé por qué motivo en el Hotel Koryo -en el que me alojo- en vez de bombillas de bajo consumo, parece que han optado por bombillas de baja iluminación.

Los objetivos fundamentales de la modernización coreana pasan, por supuesto, por un incremento radical de la producción y de la eficiencia. En este último objetivo, destacan los esfuerzos para introducir el Control Numérico Computerizado (CNC), tecnología que permite una altísima precisión en los procesos de producción y que, a día de hoy, es una especie de obsesión en Corea del Norte. El CNC, como si se tratase de un héroe más del socialismo coreano, tiene incluso su propia canción.
En cualquier caso, lo que parece claro es que la última década ha sido la de la computerización de Corea del Norte. A día de hoy, no hay fábrica, hotel, escuela, centro de venta o de producción o punto del país donde no haya ordenadores. La era digital ha llegado con cierto retraso a Corea, pero ha llegado con fuerza. La mayoría de familias coreanas cuentan hoy con cámaras digitales, teléfonos móviles y, algunas, con mp3 -que es menos frecuente.

En este sentido, el plan 2008 – 2012 preveía elevar radicalmente los niveles de consumo y, para ello, desarrollar más la agricultura y la industria ligera. Los resultados ya comienzan a verse.

Como imagináis, tantas horas de insomnio dieron para mucha reflexión. Cuando a las 9 comenzó mi coloquio, lo que menos me apetecía a mí era hablar de filosofía. A pesar de ello, la charla fue interesante.

El ponente seguía siendo O Song Chol y, según me explicó, en Corea consideran que el centro del socialismo no es tanto la transformación económica y social, sino que ésta sirva para formar hombres y mujeres nuevas, de nuevo tipo.

Engels afirmó que la principal diferencia entre el hombre y otros seres vivos es la capacidad de trabajar y los modos de estructurar el trabajo en cada época -a través de las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas- son los que definen cada momento histórico. Es decir, podemos distinguir como un momento histórico objetivamente determinado al capitalismo, que es el modo de producción en que el trabajo se organiza bajo el modo de la explotación asalariada de los propietarios de medios de producción hacia los que carecen de ellos.
En Corea se está de acuerdo con este planteamiento pero se añade que el hombre tiene otros atributos únicos que ningún ser vivo o inteligencia artificial podría poseer.

En primer lugar está el sentido de independencia, es decir, la capacidad de las personas de no estar sometido de forma pasiva a las circunstancias: ya sea la realidad social o el entorno natural. La voluntad de resolver los problemas sin dejarse dominar por las circunstancias.

En segundo lugar, está la creatividad: la capacidad y la voluntad de transformar la naturaleza y la sociedad para ponerlos al servicio de mejorar a las personas.

En tercer lugar, está la conciencia: la capacidad de conocer el mundo social y natural y de conocernos a nosotros mismos, así como transformarlos. La conciencia tiene dos elementos básicos: el conocimiento, que nos proporciona información sobre la naturaleza y la sociedad, y la ideología, que nos permite determinar cuáles son los objetivos de la transformación.

Estos tres atributos son los que distinguen, según me explicaron, a los seres humanos de otros seres vivos y la función del socialismo a la hora de crear hombres y mujeres nuevas es potenciar al máximo estos tres atributos: personas más creativos, más conscientes y capaces de estructurar el mundo natural y social en función de sus intereses.

El coloquio fue interesante, pero el sueño iba en aumento. Por eso, cuando terminamos, fui inmediatamente a comprar un refresco muy popular en Corea a base de café y leche: el Pokka. Es una bebida extranjera, de Singapur, pero con licencia de distribución dentro de Corea del Norte a cargo de una empresa estatal.

Tras la comida, visitamos la Torre de la Idea Juche y el Arco del Triunfo.

La Torre de la Idea Juche tiene casi 170 metros de altura, de los que 20 metros pertenecen a la antorcha, que representa la lucha y la victoria en Corea.

Es un monumento a la construcción del socialismo en Corea y desde lo alto de la torre se pueden observar panorámicas privilegiadas de la ciudad, ya que está situada en pleno centro de Pyongyang, a orillas del río Taedong. La zona de la Torre cuenta con un parque y 7 estatuas con figuras que representan a la sociedad coreana. La más emblemática de ellas está justo enfrente de la torre: un trabajador, un intelectual y una campesina de bronce, sosteniendo la hoz, el martillo y el pincel. Las tres clases que sostienen el socialismo en Corea.

El Arco de Triunfo está lejos de la Torre de la Idea Juche. Está cerca de una de las entradas de la ciudad, junto a la Colina Moran. Es el mayor arco de triunfo del mundo, apenas unos metros más alto que el de París.

Representa el triunfo en la lucha de independencia contra Japón y en sus laterales hay varios guerrilleros esculpidos en bronce. Como anécdota hay que apuntar que en el arco está inscrita una canción que se compuso durante los años de la lucha guerrillera y que está dedicada a Kim Il Sung, entonces líder del Ejército Popular Revolucionario de Corea y posteriormente, primer presidente del país liberado.

Estas dos visitas era la programación que teníamos para antes de la cena, pero aún eran las cinco cuando terminamos de ver el Arco de Triunfo. En Corea se suele cenar entre las seis y media y las siete, así que decidimos aprovechar el resto de la tarde en divertirnos un poco.

Primero, fuimos a una de las 150 cervecerías de la capital norcoreana. ¡Sí, 150! El local al que fuimos no era muy grande, pero estaba casi lleno. Yo era el único extranjero dentro de la cervecería. Estábamos Kimsito, Kimsita y el chofer que nos había llevado al Arco de Triunfo y a la Torre de la Idea Juche. Todos pedimos cerveza Taedonggang, rubia y algo suave, pero muy buena. Nos sirvieron en vasos de medio litro.

En la televisión estaban echando un festival de música rusa en honor a una compositora soviética. La gala estaba doblada y las canciones estaban subtituladas con la letra en coreano. Varios coreanos en la cervecería tarareaban las canciones.

Es muy frecuente la presencia de televisiones, vídeos o altavoces emitiendo música en Corea en cualquier sitio. Desde un restaurante a una librería, pasando por el pasillo de una biblioteca o incluso en la misma calle. Corea del Norte es un país que no sabe vivir sin música.

Tras terminarnos nuestras cervezas, fuimos a la conocida como “Avenida de los restaurantes”, llamada así porque en la parte baja de la mayoría de edificios hay restaurantes especializados en diferentes estilos de comidas. La mayoría de restaurantes y edificios de esta calle han sido modernizados, aunque hay otros que están pidiendo a gritos una mano de pintura.

En esta avenida está una de las centrales de correos, que contiene una exposición histórica de sellos. En realidad, el principal motivo para ir fue que en años anteriores había encontrado carteles de propaganda política a precios bajos, así como camisetas. Este año no hubo suerte, aunque aproveché para cambiar euros por wones coreanos.

Llegada la hora de la cena, decidí que era el momento de actuar como un hombre nuevo socialista, sin dejarme dominar por las circunstancias, sino rebelándome contra ellas y decidiendo derrocar de una vez por todas la dictadura culinaria a la que me veo sometido.

Al desayuno y la comida ya había tratado -de forma más bien ineficaz- reducir la cantidad de comida que me servían. A la cena decidí llegar dando un puñetazo encima de la mesa.

Cuando la joven camarera se acercaba con su habitual sonrisa y con un plato de lechuga y vegetales aliñados con mayonesa casera, yo me empecé a tocar la tripa de forma notoria y le dije: “Not hungry... What can I dinner?” Ella puso un gesto de tristeza, lo cual supe que no era como para menos. Acababa de atacar su principal propósito de esa noche: ¡cebarme hasta el empacho!
Visto el desafío, decidió negociar. Ella pensó, “bien, no le puedo dar 5 platos, pero como mínimo le daré tres.” Así que comenzó a preguntarme:

“¿Frito o Pez-no-se-qué?” Las dificultades de negociar en inglés entre un español y una coreana son obvias. En cualquier caso, yo le dije que prefería el frito, opción aparentemente menos arriesgada. No sirvió de nada, ya que ella me trajo de todas formas el pez, que tenía un aspecto terrible, pero un sabor exquisito, he de reconocer.

La segunda pregunta fue si prefería cerdo o macarrones, elegí lo segundo. Muy buenos, por cierto.

Luego, insistió en que comiese arroz o sopa o, ya puestos, arroz con sopa. Me negué en rotundo. “Not hungry!” “Not hungry!” Su cara era de sentir auténtica pena y realmente me hizo sentir hasta cierto punto culpable. Pero yo estaba dispuesto a sacar lo peor de mí o, más bien, al auténtico Juan, que no por auténtico es mejor. Lo mejor fue ver la cara de ironía de la camarera cuando el chico sin hambre le pidió de postre... ¡un helado!

La verdad es que siempre me cuesta decir que no con la comida, al menos cuando como fuera. Esto en Corea puede ser un auténtico problema. En 2008, por ejemplo, nos invitaron a comer fideo frío, una especialidad de Pyongyang. Son tallarines en sopa fría, a la que se añaden especias picantes, vinagre y salsa de soja. Una bomba explosiva para el paladar.

Pues bien, a sabiendas de que no me gusta la comida picante, accedí a echarle todos esos condimentos debido a la insistencia de los coreanos. Mientras tanto, mi amiga y camarada Lara -que vino al viaje de 2008- retiraba con todo el descaro del mundo todo aquello que sabía que no le iba a gustar y repelía cualquiera de los varios intentos de echarle salsas a su comida. El resultado fue el previsible: Lara salió diciendo que le habían gustado mucho, a mí se me seguía repitiendo el vinagre y el curry siete cepillados de dientes después.

Una cosa que me fijé mientras cenaba es que los camareros de los restaurantes coreanos tienen distintos uniformes que cambian casi cada día. Eso sí, siempre van muy elegantes y todos van conjuntados entre sí.

Eso sí, la elegancia no es patrimonio exclusivo de los camareros coreanos. En el restaurante había también un grupo de estudiantes japoneses, invitados por la KASS. Pues bien, visten con una mezcla de pantalones informales, camisas blancas sueltas y americanas que sorprenden a la vista, aunque quizás sea también por la impresión de ver a seis personas jóvenes conjuntadas.

En Corea del Norte, la elegancia y la belleza es un privilegio casi exclusivo de las mujeres. Un norcoreano me dijo una vez que las mujeres más bellas de la Península están en el Norte y los hombres más atractivos están en el sur. Él decía, que no había argumento posible de mayor peso para la reunificación.

Después de la cena, fuimos al Parque de la Juventud Kaeson, cerca del Arco de Triunfo. Es un parque de atracciones muy moderno, con lanzadera, coches de choque, montaña rusa, barco-columpio y otras atracciones. La verdad es que nos lo pasamos bien y fue realmente impresionante ver a varias decenas de miles de norcoreanos entrando, saliendo y esperando para entrar al parque o montar en atracciones. Una prueba más de que la cosa avanza y que el socialismo no son sólo cuotas de producción.

Mañana más...


Juan Nogueira López



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